viernes, 24 de agosto de 2007

La rima que nace en mí


Y escribo por escribir
en esta tarde con fin,
donde todo tiene el color gris.
Derrepente, por allí,
te vea riéndote de mí
y de cómo escribo por escribir.

(A mí se me ocurre algo!)
Que tengo sueños
como todos, como tú.
Y que para soñar
hay que tomar una tacita de café
porque despierto se sueña en verdad.

Sueña, pero recuerda regresar.

Regresar porque la vida nos da
sorpresas y hay que saber esperar,
tengo que esperar a que esta rima natural
algun dia muera en mí,
de una manera sutil.

Yo escribiría muchas cosas,
pero ya es hora de dormir.

sábado, 4 de agosto de 2007

Escribir y scribir


Ella había tenido más conversaciones por Internet que lecturas literarias. Ella se aburre de escribir a mano, pero ama tipear. A veces, se detiene a pensar y sospecha que el Bloc de notas es mejor que el Word. Será porque no le pregunta nada y es tan humilde que es incapaz de corregirle alguna equivocación.Ella no sabe de sangrías menos de programación. El Bloc, justamente por ser bloc, le permite el caos que es su mente y su alma. Ella se identifica perfectamente con el Bloc. La existencia es un bloc donde escribimos millones de veces sobre el mismo pequeño espacio geométrico algún nombre, alguna hazaña, algún desliz, alguna querella. Las marcas siempre están allí para quienes quieran verla. El Word es la soberbia de nuestra inteligencia que se cree infalible.

García Marquez había advertido la inutilidad de la ortografía. O más que eso, la inutilidad de creer que alguien tiene la autoridad para decirnos cómo escribir y cómo no. Escuché hace algún tiempo decir de Vargas Llosa:"Es uno de mis escritores favoritos, pero es un escritor incorrecto". Pobre Saramago, imposiblemente aceptable su estilo sin puntuación. Pero, la literatura, a pesar de estas autoridades linguisticas, sigue siendo un arte, un arte muchas veces bajo la lupa de un arbitro. Lamentablemente, esa lupa busca "corregir" lo escrito por el autor en distintos aspectos, como por ejemplo sobre lo que habla y la manera en que lo dice.Asi como no tener miedo de escribir. Asi como no pensar que en esta pequeña opinión existan incoherencias que alguien pueda advertir. Derrepente se me pasó alguna tilde, conjugué mal un verbo. En la literatura, no podemos pedir corrección de ningún tipo.
Crear palabras es necesario, conjugar las que ya conocemos nos hace únicos. No se puede crear genialmente si existen parámetros.

Mientras trato de entender lo que akbo de escribir me despojare de tildes y de puntuaciones me detendre en que tengo un bloc donde practicar pero derrpente no es practicar quiza nunk haga un libro quiza nadie lea esto quiza no salgo al mundo porque no quiero ondulaciones rojas verdes sobre mis dedos, sobre mi inculta escritura ya no creo que soy escribidora ahora creo que me puedo volver escritora.

2 sueños


Miro la taza que yace
en la esquina sobre la madera.

Me rio del olvido,
de mi olvido.

De cómo una circunferencia líquida
la envuelve y me recuerda el olvido.

De cómo mi sueño siempre será sueño
y no le valen los somníferos.

Siempre se le olvidea todo,
menos un sueño, menos un ladrido.

Hasta la pobre cuchara
queda enterrada

Aún huele a somnífero
pero el sueño vence todo
incluso a la nostalgia,
incluso a la melancolía.

Dormir, después de todo,
es un sencillo, pero olvidadizo oficio.

Una noche estrellada


Admirar la belleza celestial
En una noche estrellada
Ser por una única vez
Ser de la naturaleza
Ya no alejado,
Ya muy cerca.

Admirar la belleza celestial,
la Luna, la Vía Láctea y las estrellas
¿De qué sensibilidad hablas?


Y la lluvia también cayó sobre ella.


Las estrellas, el cielo
celosos se ocultan
tras el telón plomizo,
es que hay muchos reflectores
(esos que siempre nos persiguen)

Y ella también ama
la luz de la Luna
cayendo sobre sus esteras.


En la Horrible
(Que tú no conoces bien)
Los colores,
Las temperaturas
Y la belleza
Son tan dispares.

Demasiada estética
Demasiada.

Mira las estrellas,
Mira las esteras.

La perfección es divina
La putrefacción tan humana
Los contrastes son tan humanos.






Y ella admira las estrellas
Desde un agujero
Debajo de las esteras.

Las admira.

Pero donde no hay
No se mira.


Y como la Horrible,
Celosa de ser tan horrible,
nos esconde los astros divinos,
nos muestra otros.


Ella y él
Pueden sonreír
Debajo de las esteras
Haciendo el amor
Sobre retazos sucios.

¡Dime si no es maravilloso!
Y aquí no hay ni estrellas
Que adornen el escenario.
Los astros son las sonrisas
En medio de la miseria.


Tú buscas
Una mujer fina
Con la que puedas
Hacer realidad tu sueño gardeliano.

¡Tú sueñas con tantas cosas!

Con unas copas, las estrellas, la Luna
¡Qué maravillosas!

Y los cabellos de oro
Y la piel pálida
Y las estrellas y la Luna
Y un tango de Gardel
¡Qué hermoso!





Pero,
aquí ella te ofrece
una estera,
hacer el amor
bajo las luces
de una pasión
que ama las estrellas,
pero no las encuentra.

miércoles, 6 de junio de 2007

Viajando sobre una lata


Viajar en microbús. Viajar sobre una lata.
Las coincidencias. La incomodidad.
El asiento reservado.
El joven muchacho que la está utilizando.
La viejacha que está parada.
El bip del Nextel. Los mochileros de la Colonial.
El chofer amargado. El cobrador que se despide sin conocerte.
La casa de la juventud y su discurso trillado.
El vendedor. Chicles, cigarrillos, caramelos.
Los amantes en los asientos.
Los tipos y las tipas orgullosos
de un carné que descuenta veinte céntimos.

El rasta, el metal, el regaeetonero.
Todos conviven en la lata.
El que trabaja y estudia.
El que se baja en San Marcos, Católica, San Martín, etc.

En la lata, todos caben.
Siempre hay un espacio para ti, al fondo.
(O al menos, te dan esa esperanza)

En la lata, por las mañanas y las noches, uno debe "colaborar",
bailar "pegao" con el del lado,
ser mono por unos minutos
al ritmo de la música que prefieran.

En la lata, a veces hay que ser quincerañera
para posar en la escalera.

Un viaje en lata, toda una experiencia.

viernes, 25 de mayo de 2007

Silencio Ruidoso

A veces me pregunto si me agrada más escribir o leer. Creo, ahora que decidí interrumpir una lectura, que es una cuestión de causa-efecto: leer me obliga y me inspira a escribir. Sin embargo, ambas cosas me encantan, aunque es muy probable que ni en lo uno ni en lo otro sea lo suficientemente buena. Pero, eso poco importa, el solo disfrute de un buen libro, con inteligentes ideas; o, la satisfacción que te puede producir un simple verso que resuma un sentimiento, me hacen ser un poco feliz.

La literatura, la ajena y la "propia", es necesaria para mi existencia. Tenía 7 años cuando lo intuí. Era la única de mi grupo que había entendido el cuentito y la única que podía responder las preguntas sin ninguna complicación. Obviamente, eso me hacía sentir muy orgullosa de mí misma, pero nunca pensé que fuera tan vital para mí como lo es ahora. Estoy condenada a escribir, pero no sé si para ser escritora.

Estas reflexiones sobre la literatura y la escritura no son gratuitas. Ando leyendo una novela, el libro que interrumpí hace un momento para ponerme a escribir, que habla sobre lo que es ser un escritor joven y cómo el escribir guarda una estrecha relación que, quizás, como casi siempre en todo, solo cruzó en un instante fugaz mi cabeza: la vanidad.
Pero, esta no es una crónica sobre el libro que ando leyendo desde ayer, sino una pequeña semblanza sobre mi relación con la literatura y la escritura.


El primer libro que leí fue "El diario de Ana Frank", el cual, en realidad, tal y cual lo explica el título, es un diario, pero uno real. Que a la edad de diez años captó mi atención por lo esperanza que la autora muestra aún en una situación como la que le tocó vivir. “El diario…” es un libro que tuvo mucho que ver en la construcción de mi sensibilidad social..

Y así comenzó mi travesía por los libros, esos seres que emiten un Silencio Ruidoso, ánimas escondidas, apolilladas muchas veces, rotas, destrozadas, remarcadas u olvidadas. Solo cobran vida cuando uno toma la iniciativa de callarse la boca, callar al ruido vacío de afuera y comenzar a descubrir los ruidos que emiten los silencios de los que reposan.

Sin los libros, yo no sería tan romántica, sin ellos me deprimiría con mayor frecuencia en este mundo triste e infeliz que consideran a los que leen y/o escriben Literatura unos locos sin remedio. Ella me ha salvado de mi ociosidad para las demás cosas, pero nunca me aburre leer. Sin embargo, siento que he leído poco y mucho de lo que he leído no ha sido totalmente interiorizado, quizás he
tomado los libros más importantes en una edad equivocada, pero me estoy convenciendo cada día más de que soy una aficionada a la literatura y que, por ello, comenzaré a tomarme las cosas más en serio.

Alguna vez me dijo mi padre que los libros te llevaban a lugares a los que, quizá por nuestra breve existencia, no podríamos ir; que nos hacían vivir experiencias que nunca viviríamos de este lado del mundo. Y esas nuevas experiencias te ayudan a tener una existencia más agradable por estos lares, al menos, en algunos casos, te hacen menos pesimista; en otros casos, te abren los ojos. Esto es lo que por ahora puedo decir de los libros, de los cuales quiero tanto a su aspecto físico (detesto leer en la computadora) como en su aspecto esencial: su silencio ruidoso.

Dije que estoy condenada a escribir por el resto de mis días y es verdad. Pero, este aspecto es mucho más difícil de explicar que el anterior porque mi escribir, o gran parte de lo que escribo, lo hago por una sola razón: necesidad. Lo que me impulsa a escribir, no es que alguien lea mis "poemas" o escritos como estos, sino mi necesidad de sacarme las cosas de adentro. Es la mejor manera que tengo para expresarme, me hace ser yo y no a la vez. En la vida real soy más el azúcar que se deprime en el fondo de la taza que el capuccino mismo; cuando escribo, por el contrario, el amargo del capuccino cobra protagonismo.

Escribir me hace conocerme mejor, sé a través de mis líneas que no soy solo lo que soy frente a los demás, que mi alma girasol (por lo exagerada y poco venerada) tiene muchos pétalos que no quieren acariciar los demás y que al mundo poco le sirven. Yo me acaricio escribiendo. Yo escribo para mí, para conocerme y hacerme más firme frente a lo que me hace vulnerable, lo que me hace ser un poco de azúcar mezclado con capuccino en el fondo del vaso de petróleo con el cherry de la Pucp. Las letras son mis lágrimas secas, la rima imperfecta, la sátira a mi propia suavidad rugosa, todo en mí es una antítesis, "una mezcla de muchas cosas". Estoy, como los libros por leer, escondiendo en mi silencio y en mi timidez un ruido estruendo.

Alguien hizo un comentario sobre mi última crónica distraída que decía que solo yo sabía el porqué de mi lirismo desabrido.
Para mí la poesía es para escribir y la narrativa, para leer. La poesía o lirismo, si lo quieren llamar así, es para mí, el lugar en donde desecho los males de mi vida, es mi centro de reciclaje, donde todo lo amargo del mundo y de mi vida personal cobra vida para renovar mis esperanzas y recargarme de amor y paz para dárselos, una vez más al afuera. Así, vuelvo a ser el azúcar precipitado en la taza de capuccino.

La narrativa es donde viajo sin viajar, donde vivo sin vivir, el lugar en donde busco un poco de felicidad, a través de un escape del mundo sin ninguna velocidad. Sin ninguna velocidad porque me tocó y quiero existir aquí y ahora. La literatura es, entonces para mí, una de mis mejores maneras de ser feliz en un mundo infeliz.

viernes, 6 de abril de 2007

Distraída soy y no me compadezcan


Cuando me decido por no resumir el vasto mundo de la Internet a mi siempre adorado msn, a la página de la Pucp y a mi hi5, suelo encontrarme con cosas interesantes. Hace un rato estaba leyendo los relatos seudo fantásticos de Roncagliolo, que me dieron mucha risa y es que algo de extraterrestre tienen los artistas y de surrealistas, sus vidas (y creo que por eso me gustan sin conocerlos).

Después de entretenerme (o, ¿debería decir “distraerme”?), cedí mi computadora a mi prima. Fui al cuarto de mi hermana para leer un cuento de Borges que, acabo de recordar, todavía no culmino. Prendí la tele y para mi insatisfacción “Vano oficio” estaba por culminar. Trataban sobre "El túnel" ese libro que he leído y no he entendido (¿repetirán el programa más tarde?). Bueno, culminó. Volví a coger la tabla y comencé buscar algo sobre Iván Thays (el conductor de Vano…) y terminé en la página de Etiqueta Negra. ¡Qué buena página! Me siento feliz después de haberla visitado por buen rato. Me ha hecho sentir comprendida. Siempre me andan diciendo que soy una distraída, que he perdido mis llaves, que siempre "vuelo". Pues, quería decirles a todas esas personas que opinan así de mí, que creo que no es un defecto ser de esa manera. A mí me gusta ser así; muchas veces, obviamente, no. Porque, seamos sinceros, el mundo de hoy es para gente alerta a los últimos acontecimientos, que actúa instantáneamente. Este mundo, al derecho, no es para mí. O yo no soy para él, mejor dicho.

No sé por qué diantres soy así. Ya diría mi pequeña hermana que trato de ser quien no soy o que me hago la rara. No me hago la rara, a mí alguien hace unos días me ha dicho que soy medio rara, que parezco asustada. Será que el mundo exterior me asusta cuando me encuentro nadando en los ríos metafísicos de mi mente. No pienso en trivialidades. A veces pienso en mí, en mi situación como ser en este mundo. Otras veces, invento melodías que no sé transportar a ningún instrumento. Muchas veces, invento versos que nunca van a parar a un papel (qué tristeza porque creo que justamente esos son los mejores que he creado). O simplemente, me veo sola y creo que los demás son parte del escenario y no cumplen ningún papel. Muchas veces, a ese escenario humano, le pongo música (no la mía, pero la que me gusta) y me pierdo en el silencio ruidoso que producen. Voy tapando bocas con mis audífonos (que me van dejando sorda) y dejo que los Beatles (o cualquier otro u otros) toquen y canten. Me veo sola, pensando en cosas que pocas, o quizás muchas, personas piensan. Soy una distraída porque me pierdo en las inmediaciones de mi subjetividad, porque escribo cosas como estas, que muchas veces nadie lee porque son tan subjetivas.

Pero, ¿Qué tiene que ver Etiqueta negra con todo esto? Pues bien, que es una revista para distraídos. Entendiendo por “distraído” lo que Octavio Paz dijo (y que acabo de leer): «Distracción quiere decir atracción por el reverso de este mundo». Y en mi caso, esta definición se cumple a la perfección. No pienso en banalidades, no es que viva pensando en los pajaritos, es solo que pienso en otras cosas del mundo, pienso en su reverso. Ese reverso por el que se sienten atraídos los músicos, los pintores, los poetas, los escritores. Dentro de mí vive alguien que cree que el mundo es una mixtura extraña de micromundos. Un micromundo es tu propio mundo. A mí me encanta mi micromundo en el cual puedo imaginar las más fantásticas historias de amor, que difieren de lejos de los culebrones de cuarto canal nacional, a mí me gusta ese mundo en el cual hay muchas o pocas palabras, pero todo siempre es cierto, sin ningún tapujo.

A mí me gusta poder escribir frente a esta pantalla sin que nadie lo sepa. A mí me agrada escuchar música mientras viajo para sentirme como en película. A mí me gusta conocer gente, pero en su individualidad. El hombre es mejor de a uno.

No hay mejor mundo que el micromundo individual, donde reina la subjetividad. Pero los micromundos están interconectados y por eso, aunque a veces sea solitaria, me agrada la sociedad. No podemos vivir sin los demás. Pero me agrada la soledad, mi mp3 tocando, por ejemplo, free as a bird, caminando el tontódromo pareciendo y siendo distraída al caminar y asustándome al saludar. Me agrada mi cuartito verde cuando no hay nadie más, solo mi música, mis libros, mis recuerdos, mi teclado o mi lapicero y, por supuesto, mi distracción. Muchas veces creo que mi estado natural es la soledad, aunque pueda sonar extraño para los que me conocen, porque hablo mucho y me río de todo, cuando hay gente. Después de todo, nadie conoce a la persona en la soledad, cuando no hay gente. Lo que sucede, realmente, es que disfruto de la compañía, pero a veces siento que estorbo o que me estorban. Entonces, otra vez soy distraída, me pierdo en mi subjetividad y me pongo a pensar si habrá alguien que sepa cuándo deseo hablar hasta por demás y cuándo deseo callar al punto de enmudecer. Si habrá alguien que sea tan distraído como yo, o alguien que me ayude a deslizarme de mi mundo y me encamine en ese mundo donde todo es, supuestamente, de verdad, donde viviré aunque me duela. ¡Si alguien entendiera mi mundo! ¿Habrá alguien? ¡Lo dudo!